Apenas semanas después de unas muy cuestionadas elecciones, el barco que intenta Maduro mantener a flote empieza a ver el agua llegar al mástil. Solo hay un sentimiento común entre todos aquellos que en algún momento de convicción ostentaron el carnet del PSUV: desesperación.
Lo realmente triste es que la desesperación no llega porque están viendo al país arruinado, arropado por la delincuencia o desesperados por haber tenido una oportunidad histórica de haber hecho algo por el país y haberla desperdiciado tontamente. Simplemente están desesperados porque están perdiendo el poder. Nada más.
Y debe ser desesperante creerse dueños del país y ver sus espacios cerrarse, creerse eternos en el poder y ver el final cerca, creer que eran ideología y no eran más que un hombre. Debe ser desesperante haber sido mayoría absoluta y estar a 200.000 votos de perderlo todo. Deben ver en el futuro tener que volver a optar por cargos basado en méritos y no en palanca, donde el carnet del PSUV no vale de nada, donde hay que trabajar, donde hay que respetar. Deben retumbar en sus cabezas las palabras de Iris Varela en la Asamblea Nacional: "Entiendan que vamos a hacer los que nos dé la gana, porque somos mayoría". ¿Y ahora? Cuando dejen de serlo, ¿qué? ¿Qué pasará el día que Pdvsa ya no sea roja rojita?
Y sí, debe ser desesperante ver a la oposición amalgamada alrededor de un líder como Capriles y no tener más que seguir a... Maduro. De haber seguido a un elocuente y carismático líder, ahora deben voltear a los lados cada vez que Maduro habla, buscando una voz que se alce y salve el legado, que vuelva a inspirar, que eleve la energía, que proponga. Debe ser desesperante apelar a vacías palabras trilladas, complots refritos, monólogos ofensivos y cadenas de radio y televisión que no dicen nada.
Qué alto el precio de no haber generado una base de liderazgo de relevo. Qué mala idea fue no poner a competir a líderes regionales que se desvivieran por elevar la calidad de vida y generaran méritos para optar por la presidencia llegado el momento. Y ahora el tiempo es aliado de la oposición.
No queda más que recurrir a la violencia, las amenazas, las persecuciones, los golpes. No hay más, no hay capacidad de nada distinto a eso. Cuando una centena de líderes incapaces son educados en medio de ideas poco claras, riqueza abundante y lenguaje violento solo les queda para el futuro repetir frases al caletre, despilfarrar dinero y acabar a golpes con todo lo que se vea distinto. Eso fue lo que heredaron, y así los recordará la historia. Debe ser, realmente, desesperante.